por Raúl Ortega Mondaca
Si la convivencia escolar es entendida como el conjunto de relaciones sociales que se desarrollan al interior de la comunidad educativa, una de sus dimensiones se relaciona con el deterioro o debilitamiento de dichas relaciones, es decir, con la presencia y características que presenta la conflictividad en los centros educativos.
Lamentablemente, muchas veces los conflictos presentes en una comunidad escolar, tienden a ser ocultados o ignorados por las autoridades de los centros educacionales. Tratados como casos individuales, la comunidad educativa tiende a culpabilizar a los actores que viven los conflictos, sin siquiera intentar comprender sus características y condicionantes. Esto, pues existe una idea generalizada del conflicto como un aspecto negativo, que debe ser evitado o aislado de la realidad escolar. Sin embargo, “bajo la aparente imagen de aconflictividad, la cotidianeidad de los conflictos se presenta como un proceso y una de las características centrales y definitorias de los centros educativos”[1]. No se puede comprender la convivencia escolar de un establecimiento educacional sin caracterizar su conflictividad, es decir, detectar conflictos recurrentes, actores involucrados, situaciones de crisis, dinámicas de abordaje y resolución, etc.

Para comprender mejor la convivencia escolar es necesario entender que los conflictos no son buenos ni malos, sino simplemente se les considera parte fundamental de la vida social. Si bien pueden surgir a partir de una mala comunicación o contraposición de intereses, los conflictos son ante todo una forma concreta de relación social entre dos o más personas, que es valorada negativamente por al menos una de sus partes constitutivas. Los conflictos son formas de tratarse entre dos o más actores, que genera malestar en al menos uno de ellos/as.
Esta definición de conflicto, realza el carácter social del concepto, es decir, no puede existir una persona conflictiva aisladamente, sino que siempre se trata de un fenómeno colectivo, inserto en un contexto social determinado. Ningún actor puede dejar de lado sus características y condicionantes económicas, políticas o culturales al momento de desarrollar un conflicto, por lo que estas propiedades de los actores, incidirá fuertemente en el tipo de conflictos que cada cual desarrolla. “Las escuelas están reflejando muchos aspectos de la sociedad y de la comunidad y el barrio donde está ubicadas. De esta forma, la competitividad presente en la sociedad, los cambios que se están produciendo en las formas y funciones de las familias, los valores mismos de la sociedad… son sin duda, elementos que también están presentes en la escuela. Sin embargo, también muchos aspectos de la propia organización del aula pueden favorecer o disminuir la aparición de conflictos”[2].
Esta conceptualización del conflicto es la que posibilita comprender de mejor manera esta dimensión de la convivencia escolar, pues posiciona a la conflictividad en un contexto más amplio de condicionantes sociales, como partes constitutivas de las relaciones sociales existentes. Para profundizar aún más sobre esta dimensión de la convivencia escolar, es necesario distinguir dos elementos fundamentales de cualquier conflicto:
- Crisis: Situación puntual en el tiempo y el espacio, que quebranta negativamente la cotidianeidad del establecimiento, llamando la atención de los actores que la presencian u observan. Constituye un síntoma de un conflicto existente entre dos o más actores, como la punta de un iceberg que por más vistosa y gigantesca que aparezca, oculta una enorme masa de hielo bajo la superficie. Una crisis es una situación que activa una alarma pero que no constituye en sí el tema de fondo, llama la atención pero también distrae y oculta el deterioro cotidiano y soterrado en la forma de relacionarse entre las o los involucradas/os. Por ejemplo golpes, hurtos de útiles, insultos, amenazas, peleas, etc. Para reconocerla se sugieren preguntas en tiempo pasado:
¿Qué pasó?
¿Cuándo pasó?
¿Dónde pasó?
- Conflicto (propiamente tal): Relación social deteriorada entre dos o más personas. Vínculo social desgastado o valorado negativamente por una o más de las partes que lo mantienen. Es una forma concreta de tratarse, no reductible a hechos puntuales o intenciones de los diferentes actores. Para caracterizarlo se sugieren preguntas en tiempo presente:
¿Quiénes viven el conflicto?
¿Qué son entre ellos/as? ¿Cómo se llama esa relación?
¿Cómo es esa relación o cómo se tratan además de la situación de crisis?
Se trata entonces, de distinguir analíticamente dos partes constitutivas de todo conflicto. Por una parte la relación social deteriorada, que como se planteó anteriormente conlleva al menos cuatro características: reciprocidad, dinamismo, complejidad y asimetría de poder. Por otra parte, el segundo elemento lo constituyen situaciones puntuales o crisis que visualizan el conflicto frente a los propios actores y a toda la comunidad.
Las relaciones sociales deterioradas o no, tienden a proyectarse por un periodo de tiempo, es decir, poseen historicidad (pasado y futuro). Son influenciadas por diversos factores sociales y repercuten en las identidades de los sujetos. En cambio, las crisis son hechos puntuales, acotados en el tiempo y el espacio. Aunque a veces pueden expresarse violentamente, lo relevante es que evidencian socialmente la relación deteriorada, es decir, el conflicto.
En el sistema escolar, usualmente el conflicto es reducido sólo a su expresión más visible, es decir, a las diferentes crisis que se presentan en un establecimiento educacional. Por lo que tiende a ser tratados casi exclusivamente como faltas de las y los estudiantes y están muchas veces consagradas en los reglamentos internos a través de las normas y sanciones a aplicarse en caso de trasgresión. En otras palabras, la convivencia escolar es reducida al control de la indisciplina, trabajando en forma puntual caso a caso, sin abrir la reflexión sobre cómo se tratan los diferentes actores escolares.
Finalmente, la matriz también permite identificar temáticas emergentes que están en la base de la conflictividad y que les dan sentido y gravedad a los casos específicos que nos toca abordar, por lo que su identificación permitirá dar el salto desde lo reactivo hacia lo preventivo y/o promocional. Temas como prejuicios y discriminación, celos en las relaciones de amistad o pareja, estereotipos de género o el nivel de desarrollo de ciertas habilidades sociales pueden estar presentes en diversos conflictos, por lo que su abordaje puede repercutir directamente en la convivencia y sus posibles disrupciones.
En los siguientes videos te presentamos de manera más esquemática esta matriz de análisis de conflictos escolares que se fundamenta en la distinción Crisis / Conflicto.
Te adjuntamos también un formato que podrás utilizar para analizar conflictos a través de esta matriz. Si tienes alguna pregunta en su uso, no dudes en contactarte con nosotros/as a través del correo:
contacto@redconvivenciaescolar.cl
[1] Jares, Xesús, “El Lugar del Conflicto en la Organización Escolar”, en Revista Iberoamericana de Educación N° 15, Barcelona, 1997, Pág. 47.
[2] Cava, María Jesús y Musitu, Gonzalo, “La Convivencia en la Escuela”, Ed. Paidos, Barcelona 2002, Pág. 21.










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