El Adultocentrismo en Nuestra Sociedad y la Escuela

Sin duda un importante eje de tensión de la convivencia escolar está dado por las relaciones generacionales, es decir, por cómo se relacionan las niñeces, juventudes, adulteces y vejeces al interior la comunidad educativa. En este sentido, para comprender la matriz cultural de dichas relaciones en nuestra sociedad, debemos comprender el concepto de adultocentrismo, es decir, la relación de dominación ejercida por el mundo adulto sobre los demás grupos generacionales presentes en la escuela[1].

Este concepto constituye una matriz de relaciones sociales, que establece supremacía de las y los adultos/as por sobre otros segmentos o grupos generacionales de la sociedad. En este sentido, “una sociedad adultocéntrica pone en condición de inferioridad y de preparación a niñas, niños y jóvenes, y a la tercera edad como saliendo de[2]. Lo importante y valorado es lo adulto, que constituye “los lentes” o “la regla” con la que se mira y mide toda la realidad social.

La escuela como espacio jerárquico, planificado y dirigido por adultos/as, reproduce en términos simbólicos y materiales esta matriz de subordinación generacional. Específicamente, subvalorando las experiencias, conocimientos e intereses de niñas, niños y jóvenes, opacando con ello su aporte y motivación hacia los procesos pedagógicos, así como generando mecanismos concretos de homogenización y disciplinamiento en función de un determinado tipo de sujeto, por supuesto un sujeto adulto/a. “La escuela se ve convocada a enseñar a su alumnado a convivir y sólo podrá hacerlo desde su propio modelo adulto de convivencia[3]. Por esto es usual, por ejemplo, que los Reglamentos Internos sean redactados casi exclusivamente por adultos/as y que intenten normar mayoritariamente las conductas y comportamientos de las y los estudiantes[4].

Nuestro sistema educativo está estructurado de tal forma que las y los estudiantes son considerados/as por las y los adultos/as que tienen responsabilidad respecto de ellos/as, como una unidad de tratamiento. Se dirigen a ellos de forma colectiva, dan lecciones generales para todos/as, proponen tareas, evalúan y se refieren al grupo como una unidad con la que se relacionan, a la que demandan atención, silencio, aprendizaje, obediencia, corrección, etc.”[5].

La tendencia es que la niñez y la juventud son analizadas e intervenidas por el mundo adulto de la escuela a partir de ideas predeterminadas, no considerando las particularidades sociales, económicas, políticas y culturales que pueden presentar los sujetos niños/as y jóvenes, que hacen, por ejemplo, que sean muy distintos las y los estudiantes de 6° año básico de una escuela pública en un sector marginal de Santiago, que las y los estudiantes del mismo nivel de un sector rural cercano a Panguipulli en la Región de Los Ríos.

En el siguiente video, el sociólogo Klaudio Duarte Quapper, académico de la Universidad de Chile, nos explica qué es y cómo opera el adultocentrismo en nuestra sociedad.

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[1] Duarte, Claudio, “Mundos Jóvenes, Mundos Adultos” en Revista Última Década N° 16. Ed. CIDPA, Viña del Mar, 2002.

[2] Duarte, Klaudio, “Juventudes Populares. El Rollo entre Ser lo que Queremos, o ser lo que Nos Imponen”, Ed. Tierra Nueva, Quito, 1998, Pág. 16.

[3] Peña, V. “Práctica Pedagógica, Disciplina y Convivencia Escolar”, Tesis para optar al grado de Magíster. U. ARCIS, Santiago, 2003, Pág. 59.

[4] Carafi, Eric, “La Reducción de la Convivencia a lo Disciplinario”. Núcleo de Educación del Departamento de Sociología de la U. de Chile, Santiago, 2011.

[5] Ortega, Rosario, “La Convivencia Escolar: Qué es y Cómo Abordarla”, Ed. Junta Municipal de Andalucía, 2000, Pág. 16.

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