¿Cómo se Construyen Masculinidades en el Liceo?

por Francisco Farías Mansilla

Qué aporta nuestro paso por el liceo a la construcción de masculinidades de los jóvenes varones estudiantes. En este video, el trabajador social Francisco Farías nos comenta que el liceo es un espacio clave de aprendizaje de la masculinidad.

  • Los estudiantes no solo aprenden contenidos académicos. También aprenden cómo relacionarse entre hombres, cómo manejar el conflicto y qué significa ser reconocido como “hombre” por sus pares.
  • En muchos casos, ese reconocimiento se asocia a demostrar fuerza, control emocional, capacidad de confrontación o dominio del espacio. Estas dinámicas se construyen principalmente entre pares y tienen un impacto directo en la convivencia escolar.

Un segundo elemento tiene que ver con el rol del currículum oculto en la construcción de la masculinidad.

  • Sin proponérselo explícitamente, la escuela muchas veces refuerza expectativas diferenciadas para varones y mujeres. Se tolera más la conducta disruptiva en los hombres o se naturaliza que ellos sean más visibles o conflictivos.
  • Estos aprendizajes no aparecen en los planes de estudio, pero contribuyen a reproducir un modelo de masculinidad dominante que influye en el clima escolar.

A partir de estos hallazgos, la principal conclusión es que muchos problemas de convivencia asociados a los varones no son solo conductuales, sino culturales. Están vinculados a mandatos sobre lo que significa ser hombre.

Además, este modelo de masculinidad tiene costos importantes: mayor conflictividad, dificultades para expresar emociones y presión entre pares.

Sin embargo, también emergen experiencias de masculinidades distintas, más orientadas al cuidado, el respeto y la cooperación.

¿Qué desafíos plantea esto para la gestión de la convivencia escolar?

  1. Primero, pasar de una lógica disciplinaria a una lógica formativa del conflicto, incorporando diálogo y enfoques restaurativos.
  2. Segundo, revisar el currículum oculto de género y las prácticas cotidianas que reproducen desigualdades.
  3. Y tercero, generar espacios de trabajo con varones sobre emociones, vínculos y formas alternativas de ser hombres.

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