¿Qué Tipo de Liderazgo fomentamos en la Escuela?

Las comunidades educativas tienen el deber de fomentar la participación activa de las y los estudiantes, sin embargo, la escasa reflexión que se tiene sobre las formas de organizarse y actuar colectivamente, hace que terminemos reproduciendo lógicas verticalistas y excluyentes, que reducen la participación a un simulacro funcional a la tradición individualista y adultocéntrica propia de nuestra sociedad.

Uno de los elementos necesarios de cuestionar y tensionar es el liderazgo, pues su concepción tradicional lo asocia exclusivamente a un individuo que reuniría ciertas cualidades positivas, comúnmente asociadas con la capacidad de movilizar grupos humanos por medio de su influencia, dejando al resto de las personas solo como receptores, público o adherentes de ese tipo de líder.

Si queremos promover una ciudadanía activa y democrática, tenemos que cuestionar este tipo de liderazgo y transitar desde esta noción tradicional y autoritaria hacia una concepción despersonalizada, horizontal y comunitaria del mismo.

Es posible reconocer al liderazgo autoritario a partir de distintos rasgos: a) propicia un ciclo de dependencia, y posee “adeptos” o “seguidores”, no “colegas” ni “compañeros/as”, por mencionar algunos adjetivos; b) su liderazgo no está acotado a un momento o contexto específico, sino que se extiende a la totalidad de su persona más que al conjunto de habilidades o competencias que lo situaron en dicha posición; c) establece una cadena de mando jerárquica y poco reflexiva que le confiere un estatus superior, creando sentimientos de inferioridad en quienes le rodean; d) no puede, no sabe o bien no quiere socializar sus conocimientos con las demás personas como una estrategia para conservar el poder que le confiere su posición.

El liderazgo comunitario, en cambio, apunta a promover la horizontalidad en las relaciones humanas y que por tanto el ejercicio del liderazgo no resida en un/a individuo/a sino en el colectivo. En el modelo del liderazgo comunitario todos/as tienen la posibilidad y la responsabilidad de liderar en momentos y contextos específicos. Al ser colectivo, su ejercicio reside en las capacidades, habilidades y competencias del grupo en su conjunto, buscando potenciarlas para así lograr metas en común. Esta forma horizontal de relacionarse asociativamente no niega la división de tareas y la asignación de roles al interior de una organización y/o colectivo humano, sino que evita la concentración del poder que termina por jerarquizar innecesariamente un proceso que debiese tender hacia la participación de todos y todas quienes lo conforman. El énfasis está puesto entonces en la distribución del poder, en el carácter rotativo de los cargos y en el incentivo constante de la participación en la toma de decisiones.

Este video presenta de manera sencilla, las características y diferencias centrales entre el liderazgo personalista o autoritario y el liderazgo participativo o comunitario.

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