Seminario Nueva Ley de Convivencia: Tensiones y Posibilidades de Gestión

El miércoles 26 de agosto de 2026, se realizó el Seminario Nueva Ley de Convivencia: Tensiones y Posibilidades de Gestión, organizado por nuestra Red en colaboración con la Escuela de Psicología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

En la actividad se puso en cuestionamiento y reflexión los últimos cambios en la política pública sobre convivencia, a partir de la entrada en vigencia de la Ley N° 21.809 que modifica el contenido de los Reglamentos Internos, el Plan de Gestión de la Convivencia, la conformación de los equipos y la forma de abordar y prevenir situaciones al interior de las comunidades educativas.

El Seminario contó con una Mesa Central en la que el abogado Aaron Sandoval y la profesora Karina González lograron motivar el debate mucho más allá de lo que dice la ley, centrándose también en el desafío de construir un modelo de gestión de la convivencia y avanzar hacia los problemas reales que afectan a las comunidades educativas, como el debilitamiento de los vínculos sociales y el bienestar de cada uno/a de sus integrantes.

Posteriormente, las y los asistentes se dividieron en mesas de trabajo técnico, que se enfocaron en tres ejes fundamentales de la gestión de la convivencia:

  1. El debido proceso para el abordaje de casos.
  2. La salud mental y el desarrollo socioemocional.
  3. La participación estudiantil.

Finalmente, la actividad contó con un plenario, en el que cada mesa de trabajo pudo presentar sus conclusiones y poner en común los principales desafíos sobre el tema abordado: El debido proceso se entendió más allá de una seguidilla de pasos y detectó la necesidad de generar espacios de confianza que permitan profundizar en las situaciones e implementar medidas formativas más que solo sanciones, Respecto a la dimensión socioemocional, se cuestionó la falta de coherencia entre el discurso de la política pública que resalta su importancia sin asignar tiempos ni recursos para abordar adecuadamente este ámbito, instalando de todas formas la urgencia de hacernos cargo de nuestro propio bienestar al interior de cada comunidad educativa. Finalmente, respecto a la participación estudiantil se cuestionó lo débil de esta dimensión, que reduce la participación a ser consultados a través de encuestas y sondeos, pero sin posibilidades de incidir directamente en la toma de decisiones que les afecten.


Agradecemos a las y los asistentes que desde distintas realidades aportaron a construir miradas colectivas y estamos seguros/as de que necesitamos seguir reflexionando y generando instancias de encuentro entre quienes trabajamos la convivencia en establecimientos educacionales, pues si queremos obtener resultados diferentes, debemos transformar nuestras prácticas.

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